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 Inexorable

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Sora Shimizu
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Localización : *Altavoz: Palacio de Keiveqk de la Región de Hielo. Quincuagésima primera planta.* [sonidillo de llegada en un ascensor del Corte Ingles]

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MensajeTema: Inexorable   26/06/09, 02:41 pm

Ahí va:

Título: Inexorable.
Autor: Sora Shimizu.
Género: Esta vez, algo romántico-fantástico, para que no os deprimáis con mi drama perpetuo.
Sinopsis: La historia del primer amor de Moon.
Personajes: Moon, Willow, Dawn y Hail (sí, ya sé que son palabras en inglés: Luna, Sauce, Amanecer y Granizo, pero son los nombres que quería).
Ambientación: Tallahassee, Florida, desde el 1 de abril de 2008 a la actualidad.
Otros: La razón por la que esto está escrito, es que quería evadirme de los quebraderos de cabeza que me estaba trayendo una amiga J
Nota: Ésta historia va por capítulos, así que los iré colgando a medida que los vaya escribiendo.

Moon Ewart:
Spoiler:
 

Hail Gwynne:
Spoiler:
 

Willow Smith:
Spoiler:
 

Dawn Kwon:
Spoiler:
 

Carretera de Canopy:
Spoiler:
 

Bosque de Canopy:
Spoiler:
 

Universidad del Estado de Florida (Tallahassee):
Spoiler:
 

Ford La Joya Capri del '75:
Spoiler:
 

Algún lugar dentro de Canadá:
Spoiler:
 






INEXORABLE – Capítulo 1: A primera vista.

Generalmente, por estas fechas solía ser un poco más caprichosa de lo normal. De hecho solía serlo mucho más, y eso disgustaba bastante a mis padres. Pero ¿qué queréis que os diga? Se acercaba mi cumpleaños por fin. El año que había pasado desde el último 4 de abril se me había hecho eterno, pero ya sólo faltaban tres días para avanzar un paso en mi vida.

Aquel día que lo vi, yo paseaba por una de las calles más concurridas de la ciudad con mis amigas Dawn y Willow, buscando un Starbucks Coffee®️ para pasar allí la tarde con un Frappuccino®️ entre mis manos, y charlando sobre lo que quería que me regalaran por mi decimosexto cumpleaños. Esos eran nuestros planes. Pero por supuesto, no los seguimos.

Él andaba a una velocidad pasmosa, sorteando a la marabunta de gente despistada sin ninguna dificultad, sin rozar a nadie. Llevaba el cabello –corto y negro- despeinado por el viento que corría en Tallahassee. Sus rasgos eran pálidos y hermosos. Aunque no pude mirarlo bien, me pareció ver que sus ojos eran azul claro. Poseía la ligereza y gracilidad de un felino.

Una extraña sensación de opresión me inundó el corazón al verlo entonces.

Yo, muy inocente, me había quedado embobada mirando cómo cruzaba la calle en cuestión de segundos. Ni siquiera creo que me viese aquella vez, pero yo seguía sin apartar mi vista de su silueta.

“¡Moon!”, me llamó Dawn, sacándome de mis pensamientos. “Venga, vamos”, me instó, sonriendo.

Quise resistirme a su tirón, pero siempre había tenido poca fuerza, y no pude. Me llevó con ella y con Willow por la calle, hasta que llegamos a nuestro destino. Entré en el edificio forcejeando. ¡Yo quería ver de nuevo a aquel chico! Un par de parejas que había cerca de la entrada de la cafetería se giraron al vernos irrumpir de aquella manera tan estruendosa en el lugar.

Cuando estuvimos sentadas en uno de los sillones de la planta superior, me crucé de brazos, enfurruñada.

“¡Sois lo peor!”, les achaqué. “¿Por qué no me habéis dejado que vaya con él?”

“Moon, ni siquiera te vio”, me hizo saber Dawn. “Además, no deberías perder el tiempo con él, ¿sabes? Nunca le he visto abrir la boca para hablar con alguien, o sea que es muy posible que no vaya a cambiar de opinión en lo que a hablar con otra persona se refiere, seas tú o el Sursum Corda”.

Abrí los ojos, completamente estupefacta. ¿Había oído bien lo que Dawn dijo?

“¿Es que sabes quién es ese chico?”, pregunté, al borde de un ataque de histeria.

Ambas rieron al unísono. A mí no me hacía gracia ninguna. Aquello había sido amor a primera vista. Yo estaba segura de que nunca antes lo había visto por mi ciudad. ¿Cómo sabían ellas quién era aquel monumento de chico?

“Pues claro que lo conocemos”, rió Willow. “Se mudó hace un mes a mi calle”

¿Que qué? No, eso no podía ser cierto. ¡No podía serlo! Ella nunca me había hablado de aquel muchacho. ¡¡NUNCA!! ¿Y ahora me decía que llevaba un mes en su misma calle? ¿Pero de qué iba todo esto? Era una broma, tenía que ser eso.

O no, y Willow se lo había callado para quedárselo todo para ella. Claro, como ella era guapa, con esa manta de pelo rubio platino cayendo por su espalda, y esos rasgos suaves con nariz respingona… ¿Pero qué pasaba con las que no éramos modelos como Willow? ¿Qué hacíamos nosotras, las que en vez de un pelazo rubio y ojos azules, teníamos una cascada de rizos pelirrojos y una cara que, como mucho, podría calificarse en “mona”? ¡¡Nada!! Nada podíamos hacer en comparación de esas chicas que parecían sacadas de un conjuro para intentar llegar a la perfección absoluta.

“Moon, no te lo dijimos porque no nos acordamos, y no nos parecía importante”, aclaró ella.

¡¡Porque no se acordaron!! Jajaja. Espérate que me muera de la risa. ¡Willow era la chica del instituto que había salido con más chicos! Y por supuesto, alardeaba de ello. No me podía tragar que no se hubiese fijado en este chico para meterlo dentro de su “colección”. Por supuesto que sí se había fijado.

No podía verme la cara, pero supuse que se dejaba traslucir en ella bastante bien el enorme enfado que tenía encima. Jajá. Por fin, ellas empezaron a darse cuenta de que me había molestado que me lo ocultaran. Aunque, de acuerdo, lo admito: a veces soy así de tonta e infantil. Pero si me iban a mentir, que no fuera tan descarado.

“¿Y cómo se llama ese chico, Willow?”, inquirí.

“Hail”, contestó, más seria que antes. Ahora sí se había percatado de que estaba enfadada con ella. “Es dos años mayor que nosotras, y viene de Bellevue, en Washington”, explicó.

Bueno, quiero hacer mención de dos cosas. Primera: ¿os habéis dado cuenta de la edad del chico? Dos años mayor que nosotras, mayor que Willow, que siempre sale con chicos de esas edades. Segunda: si me habían dicho que nunca lo habían visto abrir la boca para hablar con nadie, ¿cómo sabían su nombre y su procedencia?

“¡Ajá!”, grité, airada. “Me has mentido. Sí que has hablado con él, malvada”.

“No, no, Moon”, me aseguró. “Te prometo que no, pero sus padres se presentaron hace ya tiempo en mi casa, diciéndonos que se habían mudado y que tenían un hijo de dieciocho años que se llamaba Hail. Él ni siquiera vino a saludar”.

Me lo pensé un segundo. Realmente, podría ser verdad. Iba a darle un voto de confianza a mi amiga Willow, por esta vez. Sonreí.

“Bueno, te creeré”, dije al final. “Pero eres mala por no habérmelo contado”.

Ellas rieron de nuevo, y siguieron bebiendo sus cafés y charlando. Yo me desvié con sigilo de la conversación, ya que no estaba muy por la labor de hablar ahora. La mirada se me fue inconscientemente a la ventana del edificio. Observando a la gente pasa, me di cuenta de que alguien no apartaba la vista de mí.

Repentinamente nerviosa, lo busqué desde allí.

Y justo en medio de la acera de esa calle, se erguía una figura alta, esbelta e inmóvil, mirándome fijamente a los ojos. Su rostro no dejaba ver qué sentía ni qué pensaba, pero sí me daba cuenta de que me miraba.

Sus ojos, aquellos ojos celestes, hechizadores, estaban clavados en los míos.

Mis amigas me llamaron para decirme una trivialidad cualquiera, pero las miré, dejando de lado la ventana. Sólo fue un segundo… Pero cuando volví a mirar para seguir admirando la belleza de aquel chico, Hail había desaparecido.

Extrañada, fruncí el ceño. Lo había visto, de eso estaba segura. Pero ¿dónde se había metido?


Última edición por Sora Shimizu el 03/09/09, 05:38 pm, editado 1 vez
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Sora Shimizu
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MensajeTema: Re: Inexorable   26/06/09, 02:42 pm

INEXORABLE – Capítulo 2: El 427 de E Magnolia Dr.

Finalmente, después de mucho debatiendo entre las tres, habíamos acordado que lo que yo más deseaba aquel año por mi cumpleaños era ¡a Hail! Pero claro, por supuesto, no podría estar con él, porque Hail Gwynne –así se llamaba con nombre y apellido- nunca hablaba con nadie, como muy amablemente me había recordado Willow. ¡Cuánto la quería cuando se disponía a recordarme cosas que probablemente, y ella lo sabía, yo no quería escuchar! Oh, era algo inaudito.

“¿Y qué pasa si lo consigo?”, reté en aquel momento.

Ella se había echado a reír estrepitosamente, cosa que me había dolido en grado sumo. Que ella fuese una belleza escultural no le daba derecho a tratar a los demás mortales del modo en que solía hacerlo.

Al salir de la cafetería las tres juntas charlando, a Willow no le dio otra que comentar, así como quien no quiere la cosa:

“Entonces, ¿de veras crees que tienes alguna posibilidad con Hail?”. Su voz sonaba tan incrédula que realmente hirió mis sentimientos.

Ese es el tipo de persona que odio: las que sólo creen que pueden ganarse a un chico y su corazón con su hermosura, y no con los sentimientos y el carácter. Y Willow era de ese tipo de chicas. Sólo le interesaban sus conquistas. Normalmente habituaba cortar con sus múltiples novios a las dos semanas, si no antes. Por eso a veces teníamos roces bastante fuertes, me permito añadir, sobre este tema. Yo no me parecía mucho a Willow, ni en el físico, ni en el carácter, pero cuando no hablaba únicamente de su elegancia y cesaba de dejar bien claros sus alardes en el amor, era buena gente.

Yo no había contestado a la insinuación de Willow, porque no había querido. Había seguido en silencio, pensando por qué tenía ella que llevar razón, y yo no. Siempre era ella la que acertaba en todo eso. Willow decía que todos los chicos eran iguales. Si les das lo que quieren, sucumben a la primera. Pero yo jamás había hecho eso porque me parecía de mala persona. Ahora bien, a Willow le funcionaba ese método a las mil maravillas. Argg. En esos momentos, se podía decir que no la soportaba muy bien. En realidad, me llevaba mucho mejor con Dawn. Ella no era como Willow. Vale, tampoco como yo, pero me entendía mejor y ella ¡sabía ponerse en la piel de los demás! Capacidad de la que Willow desconocía hasta su existencia.

Llegamos a mi casa, que era la que más cerca estaba de donde habíamos ido a merendar. Dawn y Willow se despidieron de mí. Yo, de ésta última, con algo más de reticencia. Aún seguía un poco molesta por su comentario. Sin embargo, durante el camino, había estado pensando. Yo quería a Hail. Aquello había sido el amor a primera vista más bonito que yo conocía. Y si lo quería, ¿por qué no iba a intentar hablar al menos con él? Así que paré a Willow antes de que desapareciera por la calzada.

“¿Qué quieres?”, preguntó ella.

“¿Podemos quedar mañana?”, quise saber.

Willow soltó una risa contenta. Parecía asombrada de que me dignara a hablarle y más aún a pedirle que saliéramos al día siguiente, si hacía diez minutos estaba muy, muy enfadada con ella. Willow no sabía que hay gente que no guarda rencor para siempre. Aunque mi pregunta no iba exactamente por ahí…

“De acuerdo” sonrió débilmente. Yo esbocé otra sonrisa igualmente pequeña. Suspiró. “¿Te viene bien a las cinco?”.

“Perfecto, gracias”, contesté.

Me giré y me metí en mi casa, cerrando la puerta en silencio para que mi padre no se despertara, pues seguro que ya estaba durmiendo. Necesitaba dormir un montón de horas al día. Sí, más que un humano, era una marmota.

Entré en el salón al escuchar el suave runrún de la televisión a bajo volumen. Allí en el sofá se encontraban mi madre, Sun, y mi gato, Claws. Sonreí cuando Claws vino a recibirme en la puerta del salón.

“¿Qué tal, Moon?”, me dijo.

La miré, cogiendo a Claws y sentándome en el sofá con ella. Suspiré. Estaba viendo un nuevo episodio de CSI: Miami.

“Bien. Mañana saldré otra vez con las chicas”, respondí. “Pero ya hablaremos. Estoy muerta de sueño. Hasta mañana, mamá”, me despedí, saliendo por la puerta.

Subí pesadamente los siete escalones de mi casa, con Claws a mis espaldas. Entré en mi habitación, me puse el pijama, me metí en la cama, y caí rendida. Aquella noche soñé con Hail Gwynne. Y por la mañana, me desperté con una sonrisa en la cara.

El tiempo desde que me desperecé a las seis y media, hasta que salí de mi casa a las cuatro y media para quedar con Willow, se me pasó volando. En aquel momento, ya estaba en la calle de mi amiga. O sea, la calle de Hail. Ralenticé mucho mi ritmo y me fijé en todas las casas que había allí. Cuando ya casi había llegado a la casa de Willow, y casi había perdido la esperanza, sentí de nuevo aquella sensación de espionaje. Alguien me estaba mirando otra vez.

Sonreí para mis adentros, en lugar de sentirme asustada. Me giré hacia el lugar de donde provenía esa extraña impresión. No me costó mucho dar con la casa adecuada. Allí en una ventana podía ver una sombra oscura, de pelo negro. Hail. Su mirada cautivaba tanto y de la misma manera que el día anterior.

Otra vez nos quedamos con las miradas clavadas. Yo sonreí, a pesar de que no lo quería en realidad, por si acaso. Quizás surtiera un efecto contrario al que yo quería. Pero no. Inexplicablemente, me correspondió a la sonrisa. La suya era hermosísima, y hacía su rostro, si cabe, más agraciado aún que antes.

Fue visto y no visto, literalmente. Ora estaba allí, asomado, sonriendo. Ora desapareció de la ventana. Dios, ¿pero qué era ese niño? Aún sonriendo, pero tan confusa como el día anterior, llevé a cabo mi plan completo. Me acerqué con sigilo a la casa de Hail y miré el número.

El 427 de E Magnolia Dr.

Lo apunté en una libreta que me había traído en el bolso, y la guardé, sintiéndome cada vez más cerca de mi conversación con él. Yo sólo quería eso: una conversación. Aunque si surgía un pequeño, frágil y nuevo noviazgo, no me iba a negra.

Reí, al comprobarme tan tonta como para creer eso. Sacudí la cabeza, crucé la calle y continué tres casas más abajo, hasta llegar a la de Willow.
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MensajeTema: Re: Inexorable   26/06/09, 02:42 pm

INEXORABLE – Capítulo 3: Objetivo conseguido; ¡trágate esa, Willow!

Willow había sido tan amable de decirme qué ocupación tenía Hail ahora mismo. Sí, me la había camelado de tal forma, que había acabado diciéndomelo. Aunque supuse que sería porque no tenía fe ninguna en que conseguiría esa conversación.

Hail, con sus dieciocho años, no estudiaba en el instituto, sino en la Universidad de Tallahassee. Al parecer, toda esa información se la habían dado sus padres al presentarse en el barrio. A mí me parecía demasiada información, pero bueno. Había decido creerla, y así lo haría.

Bueno, la suerte me sonrió de nuevo cuando me di cuenta de que mi hermano mayor, Swell, también estudiaba en esa misma Universidad. Eso era ser afortunada. Una vez en la vida, no está nada mal.

Así que yo, el día 3 de abril de 2008, un día antes de mi cumpleaños, me empeciné en ir con mi hermano a la Universidad a estudiar para los exámenes finales. Al principio me dijo que no, puesto que tenía clase. Pero yo le rebatí todo, recordándole que él tenía el horario de tarde. Había esbozado una de mis mejores sonrisas para que me dejara ir con él a la Universidad por la tarde, y lo había conseguido.

Ya entrando en el edificio, me di cuenta de que no sabía cuándo tenía Hail el horario. Quizás fuese por la mañana, y ya no lo encontrara. Si era así, esperé que fuese un empollón que se quedase hasta por la noche estudiando allí mismo. Casi entré rezando por la puerta. Swell me dejó en la biblioteca para que estudiara –me había llevado hasta dos libros como atrezzo-, y él se marchó hacia su primera clase.

Nada más lo vi desaparecer por la puerta, me levanté de la mesa con mis libros y eché un último vistazo a la sala, para corroborar que Hail no se encontraba en ella. Entonces salí. Estaba dispuesta a recorrerme todos los pasillos del gigantesco edificio, con tal de encontrar a Hail, si es que estaba allí.

Mi intuición me decía que sí, y no solía fallar. Aunque, viendo la suerte que yo tenía normalmente, seguramente ahora que tenía un verdadero golpe de ésta, mi intuición me defraudara. Nada me podía salir bien del todo nunca. Era imposible.

Me llevé una gran desilusión, ya que no estaba en la primera planta, pero subí a la segunda. ¡¿Pero qué demonios?! Allí había otra biblioteca. Era más grande incluso que la de abajo. Mi hermano no me había dicho eso. Oh. Y yo como una tonta mirando la otra biblioteca.

Entré en esta. ¡Dios! No sabía que era tan grande. Era una de estas con miles de estanterías hasta el techo, más antiguas que la polca. Me metí entre cada estantería, buscando aquella mirada, o aquella sensación. Sabía que con eso me bastaría. Así que empecé la búsqueda.

Cuando llevaba ya más de dos horas dando vueltas por ahí, sin encontrarlo, empecé a decaer. Ya no andaba con las mismas ganas. Ahora iba con los hombros hundidos y con una mueca puesta.

Me dirigí, descontenta, hacia la salida de la biblioteca. Aunque no tenía por qué estar allí. Quizás estaba en otra planta. Quizás…

“¿No encuentras el libro que andabas buscando?”, me sobresaltó una preciosa voz, al volumen perfecto para conseguir ruborizarme, y con la suavidad ideal para hacer que me girara.

Cuando lo vi tan de cerca, me di cuenta de que era más alto de lo que pensaba. Y bueno, era demasiado guapo para poderlo aguantar. Me atrapó la mirada como nadie lo había podido hacer jamás, excepto él. Sus ojos eran sugestivos.

“No, en realidad…”, empecé, pero no supe qué decir. No había pensado en que me preguntaría eso. Creía que ni siquiera estaba allí. “Venía a estudiar, pero…”, puse una mueca.

“¿Demasiado lóbrego para tu gusto?”, preguntó, esbozando una media sonrisa que me paró por un momento el corazón.

Sin embargo, me sobrepuse como pude, y con otra sonrisa de disculpa, asentí. Su sonrisa se ensanchó, y apartó su mirada de mis ojos durante un segundo en el que pude respirar con normalidad.

“Hay una esquina que no es tan oscura como esta parte”, me aseguró. “Allí voy yo a estudiar”, confesó. “¿Quieres verla? Quizás te guste”, sonrió.

“Por qué no”, contesté, encogiéndome de hombros.

Hizo un gesto de aprobación, aún con esa maravillosa sonrisa en los labios.

“Soy Hail”, se presentó muy amablemente, aunque ya conocía su nombre. Me tendió su mano; se la cogí. Poquito faltó para que me derrumbara en el suelo al tocar su piel, tan fina y apacible como la seda. “Y lo siento, pero no sé cómo te llamas”, admitió, bromeando. “Sólo te conozco de vista, pero creo que eres amiga de Willow Smith”.

“Sí, a veces”, sonreí, soltando su mano. Él correspondió a mi chiste. “Me llamo Moon”.

“Moon”, susurró. Convirtió mi nombre en música. “¿Quieres acompañarme a estudiar? Esto es bastante divertido”, rió, alzando un libro que tenía en las manos. “Campos electromagnéticos”, explicó. “Estudio Ingeniería”.

“Guau. A mí todavía me quedan dos años en el instituto, y aun así, creo que voy para Letras”, aclaré. “Filología, o Traducción, no lo sé”.

“Ambas son bonitas”, asintió. Yo sonreí. “Ven, acompáñame a mi lugar preferido”.

Se giró y me guió a través de todas las galerías por las que antes casi me había perdido, hasta que llegamos a su sitio. Seguía asombrándome con cuánta agilidad se movía. Me seguía pareciendo un felino.

“Helo aquí”, anunció, señalándolo con la mano.

El lugar era mucho menos lúgubre que todo el resto de la biblioteca. Esta mesa suya estaba al lado de una ventana gigante, detrás de una galería enorme. Estaba bien escondida. Perfecto. Me ofreció una silla.

“Gracias”, musité, mientras me sentaba. Él se sentó en la silla enfrente de mí. “Éste lugar es mucho mejor para estudiar”.

“Te lo dije”, me recordó. “Y bien, ¿vamos a estudiar?”, preguntó. “Yo ya llevo aquí tres horas, y me parece que no sólo querías venir a aprenderte Hemingway”, observó, mirando mis libros.

Colorada, reconocí la verdad. Clavé la mirada en la mesa. Sentí cómo la sonrisa de Hail se agrandaba notablemente. Interpretó bien mi silencio.

“Bueno, ¿qué venías a hacer?”, inquirió.

“En verdad, he venido con mi hermano, Swell, para estudiar. Se supone, porque me he ido de la biblioteca en cuanto él se ha marchado a sus clases”, murmuré. “Y me he ido porque quería explorar la Universidad”, aclaré.

“Oh, ¿te gusta?”

“Sí, me encanta”.

Hail me miró, de nuevo casi hipnotizándome. El color de sus ojos era más bonito cuando miraba de esa manera. Y a mí me costaba respirar cuando el color de sus ojos era más bonito. La pescadilla que se muerde la cola.

“¿Dónde vives?”, me preguntó en voz baja. “Estoy seguro de que ya sabes dónde vivo yo, así que…”.

Sonreí un poco.

“Lo admito, lo sé”, dije, escondiéndome de sus ojos. “Vivo en E Duval St., hacia el principio”, contesté. “Por cierto, yo… Verás, mañana es mi cumpleaños y, no sé, me preguntaba si querías venir. Es en el parque. ¿Vendrás?”.

Estuvo callado casi dos minutos. Mirándome. Hasta que de repente, alzó la cabeza un segundo, y al siguiente ya no estaba en la mesa. Ni siquiera sus libros estaban ya. Me quedé petrificada por tal desaparición.

Cinco segundos después, mi hermano me dijo que ya había acabado las clases.
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Sora Shimizu
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MensajeTema: Re: Inexorable   26/06/09, 02:44 pm

Para comentarios abajo.... si eso después pongo más.
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MensajeTema: Re: Inexorable   05/07/09, 04:58 pm

Bueno, parece interesante, pero me lo tendré que leer on mucha paciencia.
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MensajeTema: Re: Inexorable   03/09/09, 05:57 pm

como veo que lo has publicado dos veces, cierro este que es el que menos tiene.

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MensajeTema: Re: Inexorable   

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